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"Muy bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor"(Mt 25, 21)
Muchas veces, durante estos últimos días de tu presencia entre nosotros, querido Pepe, me han venido a la mente estas palabras evangélicas: "bien, siervo bueno y fiel," entra en el gozo de tu Señor". Y me parecía que las dirigía a ti el Señor con infinito amor de Padre.
Muy bien, porque ya desde niño y adolescente, fuiste bueno y fiel. Fiel a tu incipiente vocación sacerdotal; fiel y atento a los ejemplos y estímulos de tu familia, de tu parroquia, de tus educadores; fiel a los esfuerzos de tu formación seria y prolongada para el sacerdocio... ¡Entra en el gozo de tu Señor!
Muy bien, siervo bueno y fiel, porque los prolongados años de tu ministerio pastoral, te dedicaste con entrega, con alegría, al servicio de todos: de los hermanos sacerdotes, de las personas consagradas, de jóvenes y mayores, con atención especial a los más pobres: retiros, ejercicios, charlas, confirmaciones, asamblea, visitas, sustituciones... no hubo dificultad que pudiera impedir tu presencia, tu ayuda fraterna... Y siempre con tu buen humor y aquella alegría propia tan característica en ti... ¡Entra en el gozo de tu Señor!
Muy bien, siervo bueno y fiel. ..(En esta ocasión oía la palabra del Señor con muy especial gozo personal): Por tu trabajo ingente de Vicario General por toda la diócesis: ilusión compartida por suscitar y mantener en el presbiterio diocesano el espíritu de fraternidad, de comunión, entrega generosa a promover el trabajo pastoral compartido en parroquias, arciprestazgos, entre sacerdotes, religiosos (as) y seglares... esfuerzo prolongado, paciente, en aras de una más significativa coordinación en planteamientos pastorales locales, arciprestales, diocesanos, por los diversos sectores de la pastoral...; sesiones del Consejo de presbíteros, del Consejo de pastoral; encuentros diocesanos, planes de pastoral... ¡Entra en el gozo de tu Señor!
Muy bien, siervo bueno y fiel... porque nos has edificado en la salud y en la enfermedad, en el gozo y la alegría, y en el dolor y el sufrimiento. Siempre con paz, con humor, con alegría. Nos anunciaste el Evangelio no sólo cuando predicabas –¡como tú sabías hacerlo!– sino también cuando sufrías callando, cuando percibiste que se acercaba tu "Hora". Fuiste, Pepe, pastor y forma del rebaño; luz para el ciego, báculo del pobre; padre común, presencia providente: todo de todos.
Con qué alegría habrás oído la invitación del Señor: ¡Entra en el gozo de tu Señor! Nosotros también la percibimos con alegría.
RAFAEL, OBISPO EMÉRITO Ciudad Real, 24 enero
BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA
D. José Díaz-Naranjo González Ortega, hijo de Pedro y de Carmen, nació en Herencia el 12 de marzo de 1933. Ingresó en el Seminario Diocesano el 13 de octubre de 1946 a la edad de 13 años. Terminados sus estudios en el Seminario de nuestra diócesis se Licenció en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1957 y 1959. Allí, en Roma, fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1958. Ha sido un muy buen sacerdote en nuestra diócesis. Desde que volvió de Roma, allá por el año 1959 ha desempeñado diversos cargos y llevado a cabo muchas misiones siendo reconocida su labor por parte de todos y siendo, hasta su fallecimiento, punto de referencia para los sacerdotes y los laicos de nuestra diócesis de Ciudad Real y, también, de fuera de ella.
Don José Díaz, “Pepe Díaz”, como la gran mayoría lo hemos conocido, ha sido, entre otras muchas cosas, a lo largo de su dilatado ministerio, Capellán de D. Juan Hervás, Obispo Prior de Ciudad Real; Secretario de la Comisión Diocesana de Pastoral y Asesor Provincial de Auxilio Social; desde 1968 profesor del Seminario Diocesano en varias disciplinas; Arcipreste de Ciudad Real; Vicario General y miembro del Consejo Presbiteral; Director del Centro Diocesano de Teología a Distancia... Una vida, en fin, llena de siembra y de la que solo Dios conocerá sus frutos. En estos últimos 16 años, desde el 27 de julio de 1989, ha sido Párroco “In Solidum” y moderador de la Parroquia de San Pedro de Ciudad Real. Desempeñando este ministerio, fue reconocido por el Papa Juan Pablo II con el título de Prelado de Honor.
Falleció el día 23 de enero de 2007. El entierro tuvo lugar en la Parroquia de San Pedro de Ciudad Real, su última Parroquia, y, posteriormente fue trasladado y enterrado en su ciudad natal, Herencia. Descanse en Paz Don José Díaz y que, desde el cielo, siga desvelándose por esta diócesis de Ciudad Real a la que con tanta pasión y amor de Dios sirvió.
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