Yo también quiero poner mi granito de arena en esta historia.
Con “El Código Da Vinci”, tanto novela como película, está sucediendo algo que no deja de ser curioso y que valdría la pena analizar despacio. Algo que ya viene pasando desde hace tiempo con determinados productos literarios, televisivos y cinematográficos. Ese “algo” al que me refiero no es otra cosa que la diferencia enorme entre la opinión de “los expertos” y la opinión de “la gente”: los críticos, los catedráticos, los profesionales van por un lado, y el público va por otro. Los expertos dicen que la novela es una cosa más que floja, y sin embargo el público ha hecho rico al autor comprando no sé cuántos millones de ejemplares. Eso ya venía ocurriendo con determinados programas de televisión: todo el mundo criticando la tele-basura, y los programas venga a ganar dinero.
Alguien que sepa de esto debería analizar la situación y sus causas. Si la novela es un bodrio, por qué la compra la gente. Si la película es mala, por qué se invierte una millonada en producirla y distribuirla.
Es indudable que gran parte de las respuestas están relacionadas con el dólar: el novelista, la productora, los actores querían ganar dinero. Pero todos ellos, y sus respectivos equipos, son lo suficientemente hábiles como para no poner un duro en algo que no les vaya a dar beneficios. Luego saben que ese producto le va a gustar a la gente, y por eso lo ponen en el mercado. Ahora bien: no creo que a esos equipos tan inteligentes y expertos se les escape que lo que están poniendo en venta es una porquería: ellos también tienen sus estudios, que no creo que difieran mucho de la opinión de la crítica. Lo que pasa es que la crítica busca calidad, y las productoras buscan dólares. Y no es que ambas cosas estén reñidas o sean incompatibles: ejemplos hay, y muchos, que demuestran que la calidad es rentable.
Si a la crítica le interesa la calidad y a las productoras el dinero, y resulta que el producto no tiene calidad pero da mucho dinero, una de las muchas conclusiones posibles es que quien no busca la calidad es el público: ese público que aguanta todas las noches, y algunas tardes e incluso varias mañanas, la tele-basura y que ha hecho millonarios a cuatro caraduras sin escrúpulos.
La crítica es unánime: lo del tal Dan Brown es una cutrez. La novela ha vendido un montón: la gente la ha comprado. Ergo la gente ha comprado una cutrez. También sería interesante saber si “la gente” sabe que eso que ha comprado es una cutrez, o si lo ignora, o si le da igual.
En cualquier caso, esa diferencia de criterio entre los expertos y el público daría mucho que pensar a una persona seria y responsable. Al final todo termina en la educación.
Emilio Sanz
El Día de Ciudad Real, 23 de mayo de 2006