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CULTURA DE LA MUERTE

2006-01-17

Son de esos días que no has leído el periódico y le echas un vistazo al día siguiente. Pues bien, el día de los Santos Inocentes me ocurrió. En portada del diario “Lanza” del 27 de enero: “Casi 2.300 mujeres de la región abortaron durante 2004". En el interior, una realidad más cruel todavía: 84.985 abortos en toda España. Las causas aducidas para la despenalización: actuación basada en el riesgo de la salud materna, el 96,7 %; en el riesgo de malformación fetal, el 3,06 %; en la violación, el 0,02; y el 0,22 %, en varios motivos.

 

Sin fijarme en la fecha, pensé en la coincidencia: Herodes manda matar a los niños Inocentes por temor a perder un poder que quiere amarrar para él y su dinastía. Hoy se

rodea al Nacimiento de Jesús, la Navidad, con esta estadística del año 2004, no sé si menos cruel, aunque mucho más terrible pensando en que en Belén no llegarían al centenar los niños sacrificados.

 

Herodes todopoderoso es alguien ridículo comparado con el poder de esta “Cultura de Muerte” que, poco a poco, se ha implantado como reina todopoderosa en nuestra sociedad. Dios me libre de juzgar las culpabilidades de estas mujeres que han sido madres a su pesar, por vete tú a saber qué causas. Quiero simplemente llamar la atención sobre algo que nos está destruyendo y que nos habla de la corrupción moral que hemos propiciado a lo largo de estas últimas décadas en nuestro país.

 

Por otros conductos, llega a mis manos esta noticia que da el Instituto Nacional de Estadística, el 22 de junio de este mismo año: “Durante el año 2004, hubo 453.278 nacimientos (13.415 más que los registrados en el año anterior). La tasa bruta de natalidad (que refleja el número de nacimientos por cada 1.000 habitantes) se incrementó hasta 10,62 desde el 10,47 del año 2003(...) El incremento total de nacimientos se debió, en parte, a la fertilidad de las madres extranjeras, que va en aumento. En 2004, se registraron 62.150 nacidos de madre extranjera (un 16,6% más que los registrados en 203, que fueron 53.306).

 

Se han pasado las Navidades, hemos fortalecido nuestra economía con la velocidad de intercambio del dinero y hemos ahogado un poco más la noticia del Nacimiento de Jesucristo en el generalizado “Felices fiestas”. Ahora volvemos a la cruda realidad, y tenemos que celebrar la “Jornada de los Emigrantes y Refugiados” a los que hemos de recibir con toda hospitalidad lamentando que, en las causas para tener que dejar forzosamente sus países de origen estamos, de alguna forma, y, a veces, muy decisiva, las sociedades occidentales.

 

Hago, pues, una llamada a todos los católicos y gentes de buena voluntad para que no dejemos pasar como algo “corriente” y menos como “normal” este estado de cosas. Personalmente, en la familia, en la casa, en el barrio, en el trabajo, en el bar, en la calle...

hemos de ser constructores de una “Cultura de la Vida”, donde no tenga lugar esta mentalidad abortista que publica los datos fríos del mayor desastre ecológico y no provoca mayor comentario de nadie. Y esto (lo sé) en medio de un ambiente que se las da de moderno y que quiere callar la boca a los que pensamos de otra manera.

 

Quien sepa escribir que escriba, quien pueda educar que eduque, quien sepa y pueda hacer algo que haga lo que esté a su alcance, pues estamos en estado de máxima alerta social. Todos, toda la Comunidad eclesial no puede olvidar nunca su deber de orar, de rezar para que el Señor nos haga ver, nos haga sentir y nos de fuerzas para comprometer nuestras vidas en favor de una “Cultura de la Vida”, pues la Vida se nos manifestó y, en medio de la noche, nos trajo la luz para “iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

 

Contemplad el Misterio de la Virgen Madre, contemplad al Niño que nos ha traído la Vida y ha venido a salvar de la mentalidad de corrupción que lleva a la muerte, que enmascara todo un mundo de injusticias y explotaciones económicas y sociales, poniendo la máxima esperanza en un estado de bienestar individual y egoísta que ahoga la vida. Ellos nos ayudarán en nuestra difícil y hermosa tarea.

  Don Antonio Algora, Obispo de Ciudad Real. 


Mons. Antonio Algora

http://www3.planalfa.es/obcreal/Lacarta.htm

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